Domingo de Mayo. El primero. Día de la madre y clausura de la Feria del Libro en Viveros. Como cantaba Yves Montand “À bicyclette”, el ciclista solitario circula bajo el Pont dels Serrans. A continuación, bajo la que fue Passarela del Pont de Fusta.
Nada más salir, a la izquierda, allí estaba: la barandilla sobre escalera de bajada peatonal al lecho del rio. Ha resistido al paso del tiempo, como no: acero, hormigón y piedra. Desconozco quién fue el ideólogo de la escalera, pero recuerdo, como si fuera ayer cuando la dibujé. A la antigua usanza, delineación tradicional a mano, antes de las herramientas cibernéticas. Probablemente, corría el año de 1989 ó 1990. El cálculo de la barandilla recayó sobre el prócer ingeniero de caminos, d. Javier Yuste Navarro. El dibujo sobre un servidor, por delegación del anterior. 2 UPN-200 soldadas a cajón salen en vuelo del pretil o vallado de la margen izquierda del rio, giran y acompañan la pendiente de la escalera hasta hundirse sobre un dado de hormigón, más o menos integrado sobre un zócalo de piedra.
El ciclista solitario, sonrío de complacencia.
Tras la visita a la Feria del libro, impracticable para un ciclista, tal era el gentío, el solitario descabalgó de su montura, apoyó la bicicleta contra un árbol escuálido, pero oportuno, sacó su telefonillo portátil y disparó estas dos instantáneas.
Durante el regreso fue mascullando estas líneas. Aquí están; son de ustedes.
Manuel Geómetra






Fue el día de la Tomatina de Buñol de 1997. Renault 19 Chamade y hacia Requena. Luego ya vino el Mercedes aunque no para mí. La Tomatina de Buñol para quien no la conozca es una fiesta popular, convertida en fenómeno de masas donde la gente se agrede cordialmente a tomatazos. A finales de Agosto y en Buñol. Pero nosotros íbamos a Requena.



